La Infancia Robada

 

Mario Marenco Sosa*

 

El último censo indica que hay 689.326 menores de entre 5 y 17 años, de los cuales 42.000 trabajan, y esta es la dura realidad de la pobreza hoy día que no nos puede hacer autocomplacientes.

El insistir con mas fuerza en aquellas políticas sociales que fomenten el estado de bienestar tanto moral como económico, nos permitirán hacer realidad el sueño de derrotar la pobreza en todas sus formas, pero lo que mas nos impacta, es ver a nuestros niños durmiendo a pleno día por las calles de nuestro Montevideo, cuando no, metidos dentro de los contenedores de basura a altas horas de la noche en condiciones durísimas. El trabajo infantil está prohibido en casi todo el mundo, pero es, sin embargo, un fenómeno recurrente y masivo que no deja de preocupar a nuestra América Latina y el Caribe y por ende a nuestro país; siguen trabajando algo mas de 5,7 millones de niños, lo que equivale al 5% del total, según datos de la OIT. Aunque Uruguay es reconocido en el contexto regional como uno de los países con menores índices de pobreza, también se distingue por registrar cada vez mayores índices de pobreza entre los menores de cinco años.

 

Las opciones deformativas

 

Los datos alarman, teniendo en cuenta que la gran mayoría de los niños que trabajan pertenecen a familias de bajos recursos donde los problemas estructurales que afectan a las familias como la falta de empleo y educación, entre otros factores, están lejos de ser atendidos a pesar del ingreso ciudadano otorgado por el MIDES y los programas respectivos de alfabetización. Consideramos correcto lo que se está haciendo, pero si. insuficiente, si monitoreamos la agenda informativa de los distintos medios de prensa que reproduce las diferentes percepciones de la sociedad, en la forma en que conviven en ella, los niños y adolescentes vinculados cada vez más con situaciones criticas, agregado a ello, un entorno cambiante de los valores culturales que nuestro país siempre ha cuidado y que se trasmiten a través de programas televisivos a modo de ejemplo, en horarios centrales generando espacios comprometidos muy lejos de la realidad de ese espíritu nuevo que necesitamos todos para construir una sociedad mas sana, mas digna y culturalmente basada en principios y valores.

 

Puede un país organizado como el nuestro, perdurar en esta multiculturalidad de opciones deformativas? Podremos resistir en una era tecnológica y de cambios súbitos el tsunami del libre albedrío en su gama de oportunidades que hoy le presentamos a las futuras generaciones, sin competencia, lealtad y altura en tiempos tales como éstos? Pues bien, no es un reproche, sino una interrogación entre grandeza, decadencia y aire renovado del progreso aun por resolver, una mera reflexión para ir a nuestro tema central.

 

El camino hacia el delito

 

A lo largo del año 2007, tanto el Comité Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil, UNICEF, y la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Representantes, han debatido largamente estos temas de la niñez y la adolescencia con absoluta preocupación, aún así, observada la situación vemos un éxodo de niños en edad escolar y adolescentes de áreas rurales o localidades urbanas, (asentamientos) que buscan a instancias muchas veces de sus padres, una mejor situación y oportunidades de vida, a través de trabajos inhumanos para su condición física, otros, como resultado de promesas fáciles, se inclinan alentados por la droga a situaciones de riesgo e infracciones violentas como el homicidio, la rapiña y la violación a costa de sus propias vidas.

 

El 80% de los delitos cometidos por menores son contra la propiedad y la integridad física de las personas. Traumatología, proporciona el síntoma de esta realidad que vivimos. La explotación del trabajo infantil, por menor que sea, compromete nuestro futuro colectivo. Mientras haya uno solo de nuestros niños en estas condiciones riesgosas dentro o fuera del núcleo familiar, en la calle o fuera de ella, somos cómplices en la violación de los derechos del niño/a, denegando la dignidad ,limitando su potencial y poniendo en peligro la vida de muchos que se encuentran ocultos y en silencio. Solo actos concretos y medidas acertadas que nos acerquen a la realización de los derechos de toda la infancia podremos decir que estamos en la carretera correcta.. No podemos ya quedarnos en tantos debates o en meras especulaciones lo que equivale a la adopción de formas de intervención que se centralicen en auténticos espacios socializadores, donde la familia y la educación sean el ideal que todos esperamos hacer realidad.

 

* Lic. Mario Marenco Sosa Ph.D- Analista en Asuntos Políticos Latinoamericanos y del Caribe
Presidente del Centro Latinoamericano De Desarrollo (CELADE)